La podología clínica, también conocida como quiropodología, se especializa en el tratamiento y la eliminación de alteraciones benignas que afectan tanto a la piel como a las uñas de los pies.
Durante una sesión de quiropodia, el podólogo realiza una evaluación exhaustiva del estado dermatológico del pie, que incluye el corte y fresado terapéutico de las uñas, así como la eliminación de callosidades y/o grietas en los talones. Se recomienda este tratamiento de forma preventiva al menos dos veces al año.
En la clínica, se lleva a cabo una evaluación completa del estado dermatológico del pie, abordando alteraciones comunes como hiperqueratosis (callosidades), helomas (ojos de pollo), dermatomicosis (hongos), xerosis (piel seca), hiperhidrosis (sudor excesivo), hiperbromhidrosis (mal olor en los pies), flictemas (ampollas), verrugas, heridas, extracción de cuerpos extraños, eritema pernio (sabañones) entre otras enfermedades dermatológicas.
También se tratan diversas afecciones en las uñas, como onicocriptosis (uñas clavadas), onicogrifosis (uñas gruesas), hematomas subungueales (uñas negras), onicosquisis (uña quebradiza), onicomadesis (uña despegada), onicolisis (pérdida de la uña) o retroniquia (doble uña), entre otras.
Además de abordar las condiciones existentes, se hace hincapié en la prevención para mejorar el bienestar del paciente y reducir la probabilidad de recurrencias. El objetivo principal es proporcionar soluciones efectivas y resolutivas, contribuyendo así al bienestar general del paciente.